Ayer lunes, finalmente, me acerqué al CoffeeFest. Como las entradas me llegaron a última hora del domingo, no había preparado la visita en función de las actividades del día, por lo que llegué un poco a ciegas. En el camino de entrada al pabellón, vi a algunos grupos de personas con barbas hípsterianas y gorras de La Marzocco por lo que pensé que iba a llamar la atención por mi aspecto. Afortunadamente, en el interior, la mayoría de los visitantes iban disfrazados, como yo, de personas normales.
Como era la primera hora de la mañana estaba todo bastante tranquilo

pero poco más tarde, y a pesar de que era día laborable, empezaron las aglomeraciones. Los stands más amplios, como siempre, los de las grandes marcas y los “oficiales” de países productores de América y África, algunos bastante interesantes.
Mucho más pequeños, los de los tostadores, algunos desconocidos para mí, aunque la mayoría ya habituales. Este año ha habido una buena representación de tostadores europeos: DAK, Manhattan, Gota, 7g, The Miners, Fathers, etc.

Noté la ausencia de alguno español y me sorprendió la presencia de uno que jamás hubiera pensado que podía compartir espacio con tostadores de cierto nivel. Me acerqué a cotillear y, oyéndole, cualquiera hubiera pensado que era él el que había inventado el café. No quise decirle que fui yo el que le sacó del error (o lo intentó) de tostar juntos todos los orígenes de un blend.
Descubrí que algunos tostadores extranjeros habían abierto cafeterías en España, como The Miners, que lo ha hecho en varias ciudades españolas, una de ellas en la calle Ventura Rodríguez de Madrid,
Las charlas, catas, etc, estaban saturadas de gente haciendo cola, por lo que pasé de ellas.

Me gustó el stand de Complementos del café, sencillo pero eficaz, y el de Espresso Coffee Shop, con bastantes máquinas y un personal muy atento y profesional.
En el stand de Victoria Arduino, muy amable todo el personal, pudimos ver una Eagle One Copenhagen Special Edition en rafia, muy original, aunque no sé si bonita, y me permitieron jugar con una Eagle One preciosa. Es la que tiene la posibilidad de hacer un café de filtro con uno que se monta en el porta. Quedé maravillado al ver el trabajo de un grupo de ingenieros que han conseguido hacer un café de filtro con una máquina de 17000€.
Muchas leches y otras cosas similares para baristas, demasiado matcha, mucho chocolate, un stand de loveramics en el que mi acompañante intentó comprar un par de tazas, pero en el que solo tenían a la venta las más feas.
Y máquinas muy bonitas

En resumen, me llevé una Osmo Pocket 3 para grabar y ni siquiera la saqué del bolsillo, a las dos horas estaba fuera y, si hubiera pagado los 25€ por persona que costaba la entrada, habría salido muy cabreado.
Entre aconsejar bien y aconsejar mal hay un honrado término medio: no dar consejos